El jueves pasado llegué a Conce.
Ayer fuimos con Diego y sus compañeros de carrera (Hermes y Daniela) a Laraquete. Laraquete es un pueblo que queda al sur de Lota, la idea inicial era conocer y recolectar piedra cruz en el Río Cruces, pero resulta que aparte de estar muy contaminado casi no habían piedras cruces, según Diego por culpa de los "malditos hippies que se llevan todas las piedras culiás".
Fuimos a comer churrascos a un restaurante luego de la media hora que nos costó decidirnos. Habíamos comido, eran al rededor de las 15.30 hrs y ya no teníamos más que hacer allí, hasta que vimos una mano gigante que indicaba un negocio de orfebrería en piedra cruz, le seguía otra mano que decía "playa" y otras manos más de diversa índole = Laraquete, pueblo adicto a las manos con mensajes.
Así que bajamos a la playa, jugamos en uno de esos juegos metálicos que me encantan, en los que uno gira y quiere morir. Hicimos dibujos en la arena, dibujos feos y otros con un poco más de arte que el mar en algún momento se llevaría.
Respiré aire marítimo que me congeló el vientre y con Diego, que ha descubierto una nueva faceta de vieja copuchenta, nos divertimos espiando a Hermes y Daniela adivinando qué secreto a media luz había de por medio entre ellos.
Fue un viaje entretenido pero en el bus venía con una sensación de vacío espiritual.
Hoy a Diego le compraron un colchón nuevo (enhorabuena!) y soy muy feliz de no quedar más con dolor de espalda después de dormir ahí.
El martes vuelvo a Santiago.
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