Durante estas últimas semanas la vida ha ido bien, no puedo negar que de vez en cuando me vienen los ataques producidos por mis miedos, mis nervios, mis tontas ganas de reducirme a una partícula de azúcar y esconderme en el rincón más alejado, que nadie me encuentre, y que todos lo hagan al mismo tiempo, pero se deshacen y vuelve a estar todo en orden.
Aquí está todo más ordenado y todos más disciplinados, mis hermanos hace al rededor de un mes que se acuestan temprano, la casa quedaría quieta como si nadie existiera si no fuese por mí, que estoy en algún sillón mirando la tele.
Yo, me estoy cuidando más (por dentro y por fuera), además, la promesa que le hice a la Isa en la playa de hacer mi cama todos los días ha dado buenos resultados.
En clases está todo más desafiante, desde francés, donde nos dimos cuenta de que sabemos absolutamente nada, a cocina. Este semestre tenemos que estar un mes en el restauran de Inacap cocinando para los comensales que pueden venir desde cualquier sitio. El profesor nos dijo que era una clase muy exigente, y en un par de minutos hizo que nos sintiéramos como que habíamos entrado recién ese día a estudiar. Habló del perfeccionismo, de que teníamos que memorizar todas las recetas, de que quería gente realmente buena y no a unos mediocres en su cocina, y todos quedamos medios tiritones. Yo ya me repuse, aunque me costó unas horas. Comprendí que he sido una floja durante año y medio, que debo estudiar y tener confianza en mí. Rápidamente volví a mi centro, a mis expectativas, a la persona que quiero ser.
No sé, pero estoy tranquila, estoy más feliz con lo que es de mi hoy en día.
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para engañar a la memoria
marzo 27, 2009
marzo 26, 2009
marzo 23, 2009
marzo 20, 2009
Semana
Tengo los ojos chiquititos, y eso que me desperté hace media hora ya.
Esta semana entré a clases, aunque sólo tuve que ir el lunes y ayer, jueves. No quería entrar, pero me resistí menos que cuando iba al colegio haha.
Esta semana hice muchos pedidos de chocolates y alfajores, lo que me tiene re contenta, fui al dermatólogo y me llenó de cremas (baratas menos mal), fui a comer con mi mamá al Naturista, y por sólo dos mil seiscientos pesos te dan una once que al terminarla dices "¡ya no más!".
El miércoles fui temprano a Independecia, a la Universidad de Chile, a entregarle unos alfajores a la Franli. Por Dios, no puedo dejar de decir lo flaca que está esa mujer, y lo universitaria también, se preparaba para ir por tercera vez a la playa con los mechones. Wakala, yo odio todo eso de los universitarios, porque me llevó a una botillería para ver qué compraría, y yo ya me los imaginé a todos inconsientes tirados en la arena y me dio repulsión.
Luego, fui a Renca, donde mis abuelitas. Almorcé con la Weli weli, conversamos harto y me contó historias entretenidas sobre cómo se conocieron con el Tata, pero otra muy triste sobre la muerte de un hijo en su vientre por causa de la morfina, dormí un ratito y ella luego me comentó que saltaba de repente. Más tarde, fuimos juntas a tomar once donde la Abueli, y nos divertimos contándonos anécdotas y leyendo poesías.
Esta semana entré a clases, aunque sólo tuve que ir el lunes y ayer, jueves. No quería entrar, pero me resistí menos que cuando iba al colegio haha.
Esta semana hice muchos pedidos de chocolates y alfajores, lo que me tiene re contenta, fui al dermatólogo y me llenó de cremas (baratas menos mal), fui a comer con mi mamá al Naturista, y por sólo dos mil seiscientos pesos te dan una once que al terminarla dices "¡ya no más!".
El miércoles fui temprano a Independecia, a la Universidad de Chile, a entregarle unos alfajores a la Franli. Por Dios, no puedo dejar de decir lo flaca que está esa mujer, y lo universitaria también, se preparaba para ir por tercera vez a la playa con los mechones. Wakala, yo odio todo eso de los universitarios, porque me llevó a una botillería para ver qué compraría, y yo ya me los imaginé a todos inconsientes tirados en la arena y me dio repulsión.
Luego, fui a Renca, donde mis abuelitas. Almorcé con la Weli weli, conversamos harto y me contó historias entretenidas sobre cómo se conocieron con el Tata, pero otra muy triste sobre la muerte de un hijo en su vientre por causa de la morfina, dormí un ratito y ella luego me comentó que saltaba de repente. Más tarde, fuimos juntas a tomar once donde la Abueli, y nos divertimos contándonos anécdotas y leyendo poesías.
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Cotidiano,
Gastronomía
marzo 10, 2009
Dónde me quedé estancada.
¿Por qué no podré de una vez por todas hacer borrón y cuenta nueva?, a qué me aferro, qué es lo que me mantiene encerrada entre cuatro paredes cada cierto tiempo, por qué viene esta angustia repentina, qué necesito, qué me falta. Será que es más cómodo estar en posición víctima a veces, quizá por eso tú lo practicas tan seguido.
De todas formas he cambiado, no me quitaré mérito por ello, ya no me recrimino como loca, ya no me veo tantos defectos, ya no me auto destruyo incesantemente como lo hacía antes.
Creo que necesito esparcirme más por ahí, ver caras nuevas, salir a tomar helado, bailar, saltar, cocinar, hacer algo distinto.
Siempre he tenido la inquietud de hacer cosas, siempre he tenido proyectos... creo que estoy flotando en agua estancada ahora.
A los tres años salía a vender en la puerta de la casa de mi abuelita, con mi amiga Gloria, un montón de cosas inservibles que encontrábamos en la casa, claro que nadie nos compraba, pero se nos pasaba la tarde entretenidas pensando que alguien pasaría y se detendría a mirar nuestros cachivaches. En esa época quería ser escritora, no sé por qué, si ni siquiera podía leer un par de palabras, y escribirlas menos.
Luego, a los siete años llegué al condominio, donde vivo ahora. En los veranos, juntaba a mis amigas y hacíamos unos collares y pulseras con pepitas de melón y sandía que me había enseñado mi mamá, y también los vendíamos. Mucha gente me dijo que eran feos y que desprendían un olor de los mil demonios, y lo entiendo, porque el olor del melón nunca fue de mi agrado, pero mi sorpresa fue cuando el otro día estando en una feria artesanal en Viña, con la Isa vimos unos aros y unos collares de pepitas de melón teñidas de colores que se vendían muy caros.
En el verano de cuando tenía nueve años, le enseñé a leer y a escribir a dos niñas más pequeñas que yo, la Camila y la Ivanna. Hasta hoy conservo una pequeña carta que me hizo la Camila, en la que dice con una letra tiritona "Gracias por enseñarme a leer. Camila y Francisco". Ese mismo año, una señora me pidió que preparara a su hija para rendir la prueba de entrada al kinder, me pagó por cada clase, y con eso obtuve mi primer sueldo de la vida, con el que me compré un bolsito, que ahora lo veo y es bien feo, pero me sentía muy orgullosa por ese logro.
A esa edad también organizaba jardines infantiles en el patio de mi casa, en donde reunía a los niños y les enseñaba cosas. Contraté a la Jenifer y a mi hermano para que hicieran de transporte escolar y trajesen y llevaran a los niños a sus casas.
Hice libros para pintar, junto a las gemelitas (María José y Ana Paula), que vendíamos a $150, o algo así. Mi mamá a veces me cuenta de esa vez en que una niña me devolvió un libro que me había comprado porque su abuelita la retó. Yo lloraba desconsoladamente, sin entender por qué me habían devuelto el libro.
Con el tiempo, comencé a organizar festivales en el condominio, donde preparaba a los niños por semanas enteras para que cantaran y bailaran. La administradora de ese entonces, me financiaba, y yo tenía que repartir todos los gastos de los premios y la escenografía. El último festival que organicé, fue el año 2005, y a él asistieron la Isa (que me había ayudado en otras oportunidades), la Erika y Diego, quien estaba orgulloso de mí. A la Camila le daba un poco de vergüenza estar cerca, y en esa época había comenzado a pololear recién con Sebastián.
Cuando tenía once años, hice una especie de diario o boletín semanal que me fotocopiaba mi vecino, en que hablaba de situaciones del condominio, hacía concursos tipo el suplemento Papafritas, y promocionaba el concurso de belleza que estaba organizando para ese año; se trataba de un certamen con mini reinas de belleza, como en el que yo había participado el '95. En el suplemento, repartía unos cupones, en donde la gente podía votar por su favorita, y luego ponía su voto en un buzón que instalé en la portería.
Creé una obra de navidad, a la que asistió bastante gente. Organicé una obra para una fiesta de la primavera, en la que la Isa fue protagonista y se llevó muchos aplausos por su gran actuación, eso fue el 2001, porque reuníamos dinero para ir a ver a Estopa en octubre de ese año.
Algunas veces, organizaba a los niños en equipos y jugábamos al Tesoro. El juego consistía en que yo ocultaba un "tesoro" en alguna parte del condominio, y luego, muchas pistas que hacían llegar a él, le entregaba a los equipos la primera pista y comenzaba la competencia. Otras, proponía ayudar al medio ambiente, y salíamos temprano con bolsas de basura a recoger todas las porquerías que tiraban en el suelo.
No estoy segura de qué fue lo último que hice en este condominio, quizá fue el festival del 2005, o una fiesta de navidad, en la que terminé llorando a mares porque los adultos se habían apropiado de lo que organicé por semanas.
Intenté hacer una obra de la Blanca nieves en versión moderna que era bastante cómica, pero ya los niños no me respetaban, y para variar terminé derramando lágrimas.
Por eso me sumí en internerd, en donde creé una comunidad llamada Fresa Salvaje, que llegó a tener muchas visitas. Anterior a eso, creé varias páginas con las Bestias, pero dado a que sólo yo era la entusiasta, los proyectos fracasaron.
Nunca he podido hacer algo con otras personas, porque me entusiasmo sobremanera y el resto no, entonces me deprimo y todo se va al hoyo.
También hice un foro del liceo La otra cara del 1, el cual tuve que borrar después de ver que habían muchas niñas de los cursos más chicos y un tipo que tenía al rededor de veintidós que las acosaba un poco. Era mucha la responsabilidad.
En el 2005, creo, existió la idea de hacer un movimiento artístico y cultural llamado Movimiento Cuneta, en el que estuvimos involucradas varias personas, pero como todos mis proyectos en grupo, no llegó a puerto.
Luego, por necesidad (juntar dinero para que pudiésemos estar juntos con Diego), me puse a vender en el colegio y aquí en el condominio. Vendí chapitas, pinches, dulces, cubos, helados, entre otras cosas. En el 2007, me puse a vender queques individuales de distintos sabores, y después, en mayo, comencé a ir a un curso de chocolatería, al que llegué casi por casualidad.
Ahora tengo mi súper micro empresa ChocomiSsa, con la cual me va muy bien, además, es el negocio más estable que he tenido.
Ay... me faltan proyectos, me falta entusiasmarme con algo como antes, cuando me desvivía por llevar a cabo todo lo que creaba.
Me falta soñar un poquito más y tenerme fe.
Algo llegará a mis orillas, ya van a ver, y ahí se irán todas mis malas caras y mis berrinches de niñita.
De todas formas he cambiado, no me quitaré mérito por ello, ya no me recrimino como loca, ya no me veo tantos defectos, ya no me auto destruyo incesantemente como lo hacía antes.
Creo que necesito esparcirme más por ahí, ver caras nuevas, salir a tomar helado, bailar, saltar, cocinar, hacer algo distinto.
Siempre he tenido la inquietud de hacer cosas, siempre he tenido proyectos... creo que estoy flotando en agua estancada ahora.
A los tres años salía a vender en la puerta de la casa de mi abuelita, con mi amiga Gloria, un montón de cosas inservibles que encontrábamos en la casa, claro que nadie nos compraba, pero se nos pasaba la tarde entretenidas pensando que alguien pasaría y se detendría a mirar nuestros cachivaches. En esa época quería ser escritora, no sé por qué, si ni siquiera podía leer un par de palabras, y escribirlas menos.
Luego, a los siete años llegué al condominio, donde vivo ahora. En los veranos, juntaba a mis amigas y hacíamos unos collares y pulseras con pepitas de melón y sandía que me había enseñado mi mamá, y también los vendíamos. Mucha gente me dijo que eran feos y que desprendían un olor de los mil demonios, y lo entiendo, porque el olor del melón nunca fue de mi agrado, pero mi sorpresa fue cuando el otro día estando en una feria artesanal en Viña, con la Isa vimos unos aros y unos collares de pepitas de melón teñidas de colores que se vendían muy caros.
En el verano de cuando tenía nueve años, le enseñé a leer y a escribir a dos niñas más pequeñas que yo, la Camila y la Ivanna. Hasta hoy conservo una pequeña carta que me hizo la Camila, en la que dice con una letra tiritona "Gracias por enseñarme a leer. Camila y Francisco". Ese mismo año, una señora me pidió que preparara a su hija para rendir la prueba de entrada al kinder, me pagó por cada clase, y con eso obtuve mi primer sueldo de la vida, con el que me compré un bolsito, que ahora lo veo y es bien feo, pero me sentía muy orgullosa por ese logro.
A esa edad también organizaba jardines infantiles en el patio de mi casa, en donde reunía a los niños y les enseñaba cosas. Contraté a la Jenifer y a mi hermano para que hicieran de transporte escolar y trajesen y llevaran a los niños a sus casas.
Hice libros para pintar, junto a las gemelitas (María José y Ana Paula), que vendíamos a $150, o algo así. Mi mamá a veces me cuenta de esa vez en que una niña me devolvió un libro que me había comprado porque su abuelita la retó. Yo lloraba desconsoladamente, sin entender por qué me habían devuelto el libro.
Con el tiempo, comencé a organizar festivales en el condominio, donde preparaba a los niños por semanas enteras para que cantaran y bailaran. La administradora de ese entonces, me financiaba, y yo tenía que repartir todos los gastos de los premios y la escenografía. El último festival que organicé, fue el año 2005, y a él asistieron la Isa (que me había ayudado en otras oportunidades), la Erika y Diego, quien estaba orgulloso de mí. A la Camila le daba un poco de vergüenza estar cerca, y en esa época había comenzado a pololear recién con Sebastián.
Cuando tenía once años, hice una especie de diario o boletín semanal que me fotocopiaba mi vecino, en que hablaba de situaciones del condominio, hacía concursos tipo el suplemento Papafritas, y promocionaba el concurso de belleza que estaba organizando para ese año; se trataba de un certamen con mini reinas de belleza, como en el que yo había participado el '95. En el suplemento, repartía unos cupones, en donde la gente podía votar por su favorita, y luego ponía su voto en un buzón que instalé en la portería.
Creé una obra de navidad, a la que asistió bastante gente. Organicé una obra para una fiesta de la primavera, en la que la Isa fue protagonista y se llevó muchos aplausos por su gran actuación, eso fue el 2001, porque reuníamos dinero para ir a ver a Estopa en octubre de ese año.
Algunas veces, organizaba a los niños en equipos y jugábamos al Tesoro. El juego consistía en que yo ocultaba un "tesoro" en alguna parte del condominio, y luego, muchas pistas que hacían llegar a él, le entregaba a los equipos la primera pista y comenzaba la competencia. Otras, proponía ayudar al medio ambiente, y salíamos temprano con bolsas de basura a recoger todas las porquerías que tiraban en el suelo.
No estoy segura de qué fue lo último que hice en este condominio, quizá fue el festival del 2005, o una fiesta de navidad, en la que terminé llorando a mares porque los adultos se habían apropiado de lo que organicé por semanas.
Intenté hacer una obra de la Blanca nieves en versión moderna que era bastante cómica, pero ya los niños no me respetaban, y para variar terminé derramando lágrimas.
Por eso me sumí en internerd, en donde creé una comunidad llamada Fresa Salvaje, que llegó a tener muchas visitas. Anterior a eso, creé varias páginas con las Bestias, pero dado a que sólo yo era la entusiasta, los proyectos fracasaron.
Nunca he podido hacer algo con otras personas, porque me entusiasmo sobremanera y el resto no, entonces me deprimo y todo se va al hoyo.
También hice un foro del liceo La otra cara del 1, el cual tuve que borrar después de ver que habían muchas niñas de los cursos más chicos y un tipo que tenía al rededor de veintidós que las acosaba un poco. Era mucha la responsabilidad.
En el 2005, creo, existió la idea de hacer un movimiento artístico y cultural llamado Movimiento Cuneta, en el que estuvimos involucradas varias personas, pero como todos mis proyectos en grupo, no llegó a puerto.
Luego, por necesidad (juntar dinero para que pudiésemos estar juntos con Diego), me puse a vender en el colegio y aquí en el condominio. Vendí chapitas, pinches, dulces, cubos, helados, entre otras cosas. En el 2007, me puse a vender queques individuales de distintos sabores, y después, en mayo, comencé a ir a un curso de chocolatería, al que llegué casi por casualidad.
Ahora tengo mi súper micro empresa ChocomiSsa, con la cual me va muy bien, además, es el negocio más estable que he tenido.
Ay... me faltan proyectos, me falta entusiasmarme con algo como antes, cuando me desvivía por llevar a cabo todo lo que creaba.
Me falta soñar un poquito más y tenerme fe.
Algo llegará a mis orillas, ya van a ver, y ahí se irán todas mis malas caras y mis berrinches de niñita.
Iris
La llamó Iris, la de hermosos colores. La recordó de ojos grandes, pelo desordenado y canciones noventeras saliéndole por la boca.
marzo 08, 2009
El Canelo
Ayer con mi familia fuimos a El Canelo por el día.
¡Qué playa más linda Dios mío!, encerrada entre rocas y bosque, con suaves olas, el resto era casi una piscina gigante.
Estoy negroide, me quemé más que en todo el resto del verano, es que cómo resistirme a tumbarme boca arriba en el mar, con los ojos cerrados, escuchando el murmullo de todo el universo.
El agua estaba congelada, pero en serio. Casi me muero de hipotermia, me costaba respirar, lo que no me había pasado antes, incluso ese primer día en Zapallar cuando seguí a ciegas a la Isa que se adentraba en el mar como loca.
Ahora me pican los brazos y la espalda, y sigue apareciendo arena por cualquier parte.
¿Y se nota que no quiero escribir?, cuac.
¡Qué playa más linda Dios mío!, encerrada entre rocas y bosque, con suaves olas, el resto era casi una piscina gigante.
Estoy negroide, me quemé más que en todo el resto del verano, es que cómo resistirme a tumbarme boca arriba en el mar, con los ojos cerrados, escuchando el murmullo de todo el universo.
El agua estaba congelada, pero en serio. Casi me muero de hipotermia, me costaba respirar, lo que no me había pasado antes, incluso ese primer día en Zapallar cuando seguí a ciegas a la Isa que se adentraba en el mar como loca.
Ahora me pican los brazos y la espalda, y sigue apareciendo arena por cualquier parte.
¿Y se nota que no quiero escribir?, cuac.
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