Durante estas últimas semanas la vida ha ido bien, no puedo negar que de vez en cuando me vienen los ataques producidos por mis miedos, mis nervios, mis tontas ganas de reducirme a una partícula de azúcar y esconderme en el rincón más alejado, que nadie me encuentre, y que todos lo hagan al mismo tiempo, pero se deshacen y vuelve a estar todo en orden.
Aquí está todo más ordenado y todos más disciplinados, mis hermanos hace al rededor de un mes que se acuestan temprano, la casa quedaría quieta como si nadie existiera si no fuese por mí, que estoy en algún sillón mirando la tele.
Yo, me estoy cuidando más (por dentro y por fuera), además, la promesa que le hice a la Isa en la playa de hacer mi cama todos los días ha dado buenos resultados.
En clases está todo más desafiante, desde francés, donde nos dimos cuenta de que sabemos absolutamente nada, a cocina. Este semestre tenemos que estar un mes en el restauran de Inacap cocinando para los comensales que pueden venir desde cualquier sitio. El profesor nos dijo que era una clase muy exigente, y en un par de minutos hizo que nos sintiéramos como que habíamos entrado recién ese día a estudiar. Habló del perfeccionismo, de que teníamos que memorizar todas las recetas, de que quería gente realmente buena y no a unos mediocres en su cocina, y todos quedamos medios tiritones. Yo ya me repuse, aunque me costó unas horas. Comprendí que he sido una floja durante año y medio, que debo estudiar y tener confianza en mí. Rápidamente volví a mi centro, a mis expectativas, a la persona que quiero ser.
No sé, pero estoy tranquila, estoy más feliz con lo que es de mi hoy en día.
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