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para engañar a la memoria

marzo 08, 2009

El Canelo

Ayer con mi familia fuimos a El Canelo por el día.
¡Qué playa más linda Dios mío!, encerrada entre rocas y bosque, con suaves olas, el resto era casi una piscina gigante.
Estoy negroide, me quemé más que en todo el resto del verano, es que cómo resistirme a tumbarme boca arriba en el mar, con los ojos cerrados, escuchando el murmullo de todo el universo.
El agua estaba congelada, pero en serio. Casi me muero de hipotermia, me costaba respirar, lo que no me había pasado antes, incluso ese primer día en Zapallar cuando seguí a ciegas a la Isa que se adentraba en el mar como loca.
Ahora me pican los brazos y la espalda, y sigue apareciendo arena por cualquier parte.
¿Y se nota que no quiero escribir?, cuac.

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