¿Por qué no podré de una vez por todas hacer borrón y cuenta nueva?, a qué me aferro, qué es lo que me mantiene encerrada entre cuatro paredes cada cierto tiempo, por qué viene esta angustia repentina, qué necesito, qué me falta. Será que es más cómodo estar en posición víctima a veces, quizá por eso tú lo practicas tan seguido.
De todas formas he cambiado, no me quitaré mérito por ello, ya no me recrimino como loca, ya no me veo tantos defectos, ya no me auto destruyo incesantemente como lo hacía antes.
Creo que necesito esparcirme más por ahí, ver caras nuevas, salir a tomar helado, bailar, saltar, cocinar, hacer algo distinto.
Siempre he tenido la inquietud de hacer cosas, siempre he tenido proyectos... creo que estoy flotando en agua estancada ahora.
A los tres años salía a vender en la puerta de la casa de mi abuelita, con mi amiga Gloria, un montón de cosas inservibles que encontrábamos en la casa, claro que nadie nos compraba, pero se nos pasaba la tarde entretenidas pensando que alguien pasaría y se detendría a mirar nuestros cachivaches. En esa época quería ser escritora, no sé por qué, si ni siquiera podía leer un par de palabras, y escribirlas menos.
Luego, a los siete años llegué al condominio, donde vivo ahora. En los veranos, juntaba a mis amigas y hacíamos unos collares y pulseras con pepitas de melón y sandía que me había enseñado mi mamá, y también los vendíamos. Mucha gente me dijo que eran feos y que desprendían un olor de los mil demonios, y lo entiendo, porque el olor del melón nunca fue de mi agrado, pero mi sorpresa fue cuando el otro día estando en una feria artesanal en Viña, con la Isa vimos unos aros y unos collares de pepitas de melón teñidas de colores que se vendían muy caros.
En el verano de cuando tenía nueve años, le enseñé a leer y a escribir a dos niñas más pequeñas que yo, la Camila y la Ivanna. Hasta hoy conservo una pequeña carta que me hizo la Camila, en la que dice con una letra tiritona "Gracias por enseñarme a leer. Camila y Francisco". Ese mismo año, una señora me pidió que preparara a su hija para rendir la prueba de entrada al kinder, me pagó por cada clase, y con eso obtuve mi primer sueldo de la vida, con el que me compré un bolsito, que ahora lo veo y es bien feo, pero me sentía muy orgullosa por ese logro.
A esa edad también organizaba jardines infantiles en el patio de mi casa, en donde reunía a los niños y les enseñaba cosas. Contraté a la Jenifer y a mi hermano para que hicieran de transporte escolar y trajesen y llevaran a los niños a sus casas.
Hice libros para pintar, junto a las gemelitas (María José y Ana Paula), que vendíamos a $150, o algo así. Mi mamá a veces me cuenta de esa vez en que una niña me devolvió un libro que me había comprado porque su abuelita la retó. Yo lloraba desconsoladamente, sin entender por qué me habían devuelto el libro.
Con el tiempo, comencé a organizar festivales en el condominio, donde preparaba a los niños por semanas enteras para que cantaran y bailaran. La administradora de ese entonces, me financiaba, y yo tenía que repartir todos los gastos de los premios y la escenografía. El último festival que organicé, fue el año 2005, y a él asistieron la Isa (que me había ayudado en otras oportunidades), la Erika y Diego, quien estaba orgulloso de mí. A la Camila le daba un poco de vergüenza estar cerca, y en esa época había comenzado a pololear recién con Sebastián.
Cuando tenía once años, hice una especie de diario o boletín semanal que me fotocopiaba mi vecino, en que hablaba de situaciones del condominio, hacía concursos tipo el suplemento Papafritas, y promocionaba el concurso de belleza que estaba organizando para ese año; se trataba de un certamen con mini reinas de belleza, como en el que yo había participado el '95. En el suplemento, repartía unos cupones, en donde la gente podía votar por su favorita, y luego ponía su voto en un buzón que instalé en la portería.
Creé una obra de navidad, a la que asistió bastante gente. Organicé una obra para una fiesta de la primavera, en la que la Isa fue protagonista y se llevó muchos aplausos por su gran actuación, eso fue el 2001, porque reuníamos dinero para ir a ver a Estopa en octubre de ese año.
Algunas veces, organizaba a los niños en equipos y jugábamos al Tesoro. El juego consistía en que yo ocultaba un "tesoro" en alguna parte del condominio, y luego, muchas pistas que hacían llegar a él, le entregaba a los equipos la primera pista y comenzaba la competencia. Otras, proponía ayudar al medio ambiente, y salíamos temprano con bolsas de basura a recoger todas las porquerías que tiraban en el suelo.
No estoy segura de qué fue lo último que hice en este condominio, quizá fue el festival del 2005, o una fiesta de navidad, en la que terminé llorando a mares porque los adultos se habían apropiado de lo que organicé por semanas.
Intenté hacer una obra de la Blanca nieves en versión moderna que era bastante cómica, pero ya los niños no me respetaban, y para variar terminé derramando lágrimas.
Por eso me sumí en internerd, en donde creé una comunidad llamada Fresa Salvaje, que llegó a tener muchas visitas. Anterior a eso, creé varias páginas con las Bestias, pero dado a que sólo yo era la entusiasta, los proyectos fracasaron.
Nunca he podido hacer algo con otras personas, porque me entusiasmo sobremanera y el resto no, entonces me deprimo y todo se va al hoyo.
También hice un foro del liceo La otra cara del 1, el cual tuve que borrar después de ver que habían muchas niñas de los cursos más chicos y un tipo que tenía al rededor de veintidós que las acosaba un poco. Era mucha la responsabilidad.
En el 2005, creo, existió la idea de hacer un movimiento artístico y cultural llamado Movimiento Cuneta, en el que estuvimos involucradas varias personas, pero como todos mis proyectos en grupo, no llegó a puerto.
Luego, por necesidad (juntar dinero para que pudiésemos estar juntos con Diego), me puse a vender en el colegio y aquí en el condominio. Vendí chapitas, pinches, dulces, cubos, helados, entre otras cosas. En el 2007, me puse a vender queques individuales de distintos sabores, y después, en mayo, comencé a ir a un curso de chocolatería, al que llegué casi por casualidad.
Ahora tengo mi súper micro empresa ChocomiSsa, con la cual me va muy bien, además, es el negocio más estable que he tenido.
Ay... me faltan proyectos, me falta entusiasmarme con algo como antes, cuando me desvivía por llevar a cabo todo lo que creaba.
Me falta soñar un poquito más y tenerme fe.
Algo llegará a mis orillas, ya van a ver, y ahí se irán todas mis malas caras y mis berrinches de niñita.
2 comentarios:
Todo ez culpa del ziztema capitalizta, él que hará que vendas (o termines de vender) tu alma (pese a que tus proyectos eran de forma terrible de capitalistas, aunque creo que no de fondo.. creo).
PD: el sistema comunista, por medios distintos, produciría el mismo efecto.
PD': intentar que los demás se entusiasmen con algo antes de que esté andando es un gasto energético superior a partir todo solo.
=D
ayer no habian, estaba cerrado,
sobres ni estampillas
pero tengo ganas de escribir
te
de dibujar con letras todas esas cosas locas
en ke momento los colores se te escapan,
precisamente cuando cierras la puerta
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