Cada vez que muevo la boca -los dedos en algunos casos- siento que estoy siendo muy egoísta, no tengo claro si mi dolor intenso en el estómago se deba a que he comido demasiadas porquerías producto de la ansiedad esta última semana, o por Diego, y da igual, porque las dos serían la misma cosa.
Aún no asumo que ya no somos, que ahora soy yo aparte de él, y que él intenta ser él aparte de mí. No lo asumo y no lo podré asumir en mucho, porque lo sigo contemplando en mis planes futuros, sigo pensando que ésto no es definitivo.
Me gustaría que todo ésto pasara luego, pero sólo han pasado ocho días, sólo ocho días...
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