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para engañar a la memoria

febrero 07, 2010

Esas palabras eran corchetes que se me insertaban encima de la piel. Disfrazadas, era el nombre de otra mujer, pero estaban dichas por el mismo hombre. Hablaban de ella como la encarnación de lo maravilloso en este mundo banal. Y al hacerlo, hablaban de mí como una mera copia, como el agua que quedó después de estrujarla. A ella.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No crea... los hombres y las mujeres usamos distintos códigos... es otra forma de comunicación. Una mujer puede hacer lo que describiste allí. Un hombre sólo puede intentarlo sin dejar nunca de pensar y saber que a quien dice eso no es a quien las dijo antes.

Emo!