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para engañar a la memoria

octubre 21, 2014

Begin again

Estoy feliz porque por fin veo una película que me deja algo, Begin again.
Estoy feliz porque tuve un día lleno de dolores en las piernas, en las muñecas y dos casi ataques de colon, pero termina viendo una película y queriendo escribir.
Estoy sentada en mi cama tecleando. Hoy entré el ventilador polvoriento guardado en mi patio techado, y abrí la ventana de mi pieza que estuvo cerrada durante todo el invierno. Aquí dentro se pasó del invierno al verano. La casa es un horno desde que comienza el día.
Estoy feliz porque fui por fin a la municipalidad a ver el tema de legalizar la pyme; en un año cambiaron harto las cosas y me piden menos papeles. Llegué a la muni con mucho calor, pasado las 13 hrs. Mareada, insegura. Me dolían las piernas. Y salí con el vientecito soplándome el rostro de poniente a oriente, sintiéndome liviana.
Estoy feliz porque Francisco y la Pali (su hermana) comenzaron hace poco a vender mis productos en sus oficinas y me es muy rentable. Lo hacen desinteresadamente y eso me llena el corazón de chocolate que tengo. Gracias a eso, cuando quise tomarme un helado hoy, pude salir y comprármelo, algo que no podía hacer hace meses, hartos meses.
Estoy feliz porque el jueves pasado logré vencer mi pánico a la dependencia laboral, y trabajé de garzona para un evento en el Hogar de Cristo. Ese día llegué a la casa cerca de las 3 de la mañana y vi mi loza lavada (Francisco había estado aquí). Y en un sartén una tortilla de acelga, y en una olla un puré casero maravilloso. Y mi cama hecha, y mi ropita doblada sobre la cómoda de la pieza. Francisco es como Risitos de oro, pero al revés.
Me senté en la cama y lloré caleta. Lloré y fue como que las lágrimas me salían de la guata. Lloré de amor y lloré de cansancio; y un poco lloré de orgullo por haber logrado un día que pensé no lograría.
Francisco es un sol y se merece todo: que el mundo lo sepa.

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