Páginas

para engañar a la memoria

febrero 26, 2008

Viaje a Llo-Lleo

1er día (martes 19)

Llegamos cansados -sinceramente no sé de qué- con mi prima y la Moka (novia de mi hermano Juan Pablo) nos vinimos en bus.
Lo único que recordaba de la casa en Llo-lleo (perteneciente a mis tíos Miguel e Ines) era la reja azul oxidada.
Escribo en una libretita bonita que me regaló la Erika para uno de mis cumpleaños.

2do día (miércoles 20)

Fuimos a la playa Las cruces, feísima, pequeña, repleta de gente que cuando pasaba a mi lado me pisaba la toalla, con arena sucia y la orilla con muchas piedras y conchitas. Comienzo a creer que fue un error haber ido primero a Zapallar, el punto de comparación es demasiado grande.

3er día (jueves 21)

Estamos en Las rocas de Santo Domingo, queda mucho más cerca de Llo-Lleo que Las cruces y no existe el hacinamiento anterior. Pero, a pesar de la comodidad y lo bonito del entorno, el agua de mar trae mucha arena, una arena negra que no logro quitarme del cuerpo completamente. Está lleno de cuicos, más que en Zapallar, nunca vi tantos juntos.

4to día (viernes 22)

Desperté malhumorada.
Hoy fuimos nuevamente a Las rocas de Santo Domingo, no me bañé en el mar, las olas son disparejas y brutales.
Me compré en la plaza de Llo-Lleo "La casa de los espíritus" para leerlo otra vez después de tantos años y continuar la trilogía. El libro huele a playa, huele a recuerdos y a mar.
Necesito caminar, ejercitarme más, estoy hecha una vaca, como sin parar, pero eso es de antes de venir a la playa, estoy muy ansiosa, espero respuestas que nunca llegan.
Fuimos en la noche con mis padres y mi prima al puerto de San Antonio, que queda al lado de Llo-Lleo, se veían muy bonitas las luces del cerro y las de los botes reflejadas en el mar. Compré unas figuras de greda o losa (aún no sé) con deseos escritos para regalar.
Me sorprende la cantidad de funerarias que hay en San Antonio.

5to día (sábado 23)

Me enamoré. Aunque suene tribial me enamoré de un abrigo rojo estilo años 60. Ojalá mi madre me preste el dinero para comprarlo, y juro que trabajaré como china para pagárselo.
Hoy no bajamos a la playa, con mi prima fuimos a San antonio, donde babeé con el abrigo y comí unas brochetas de frutillas bañadas en chocolate que estaban exquisitas.
A parte de ponerme buena para comer he pescado un resfrío, me arde la nariz y siento como si me saliera fuego de ésta al respirar.
Hoy extraño menos.
Ayer llamó la Pisa y fue re-bonito aunque apenas nos entendíamos, la Erika ha llamado un par de veces pero nunca estoy para contestar.

6to día (domingo 24)

Me siento muy mal. El resfrío ha avanzado y la mitad de la familia está enferma, así que nuevamente no bajamos a la playa.
A pesar de los malestares del cuerpo hice un queque de limón para la familia que quedó sabroso y llenador, como diría mi abuelita, aunque yo, a penas le sentí el sabor a causa del resfrío.
Tengo la guatita llena de queque y leche, y el corazón inquieto, ¿cómo lo calmo?, el destino mueve con sus manos los hilos que impiden que las noticias lleguen a puerto.
Mi humor hoy está podrido, creo que convivir conmigo es un desafío, he leído toda la tarde y parte de la noche, aún no sé cómo resultará todo y eso me pone ansiosa.

7mo día (lunes 25)

¡Lo logré! el abrigo es mío y las cartas ya están tiradas al fin.
Hoy volvimos a ir a la playa, como estoy enferma y no puedo bañarme, fui a recorrer el pueblo y me di cuenta que Las rocas de Santo Domingo es de principio a fin de gente pudiente. Vi unas casas hermosas, con patios inmensos llenos de flores.
Caminé porque necesitaba despejar el cuerpo y la cabeza, quería respirar profundo y olvidarme un poco de todo, pero no resistí mucho, el cuerpo no me dió y comencé a sentir picazón en la garganta y el papel higiénico se me había acabado.
Cuando bajaba de vuelta a la playa vi una micro de acercamiento, era tan rara que por un momento pensé estar imaginándola, atrás tenía un carro parecido a los buses de acercamiento de Fantasilandia y por delante era como un tractor azul. Raro.
Siento que ardo en fiebre, intentaré dormir.

8vo día (martes 26)

Hoy, por ser el último día en Llo-Lleo me decidí por conocer su playa. Me vestí y me fui a caminar, bajé, bajé y me encontré con un sector militar, así que doblé tratando de encontrar un camino que me condujera a la playa.
El sector era pobre, seguí bajando y me encontré con un puente, lo crucé, a pesar de que trás de mí iban tres jóvenes. No encontré nada, sólo un gran sitio eriazo, me devolví y me elevé hasta el cielo en un columpio maravilloso que había al principio del puente, tenía las cadenas más largas que vi en mi vida.
Decidí irme a la casa porque se me habían nublado los ojos y me dolía la cabeza.
Emprendí el camino de regreso y me perdí. Subí varias calles y doblé otras más, pero no llegaba a ningún lugar conocido, hasta que sin saber cómo aparecí en la plaza de Llo-Lleo, unas cinco cuadras más arriba de la casa.
Hoy no creo que vayamos a la playa, la abuelita amaneció enferma del estómago.


Vengo llegando a Santiago, me duelen los hombros, pero creo que es por reproducir aquí todo lo escrito en la libretita.
Vuelvo con varios kilos demás, un resfrío asqueroso, arena en las zapatillas, más morena, pero mucho más despejada que cuando me fui. Al fin.

No hay comentarios: