Está todo Santiago caótico por el tema de las fiestas de fin de año. Hoy fui a comprar chocolates para los pedidos que tengo para el lunes, y es impresionante la cantidad de gente, que como hormiguitas, caminan sudorosas por las calles, sobre todo en Estación central. Me tuve que bajar de la micro, porque había un taco feo en el centro, me encontré en el metro con la Carmen, una compañera del liceo, y hablamos lo que nos duró el viaje juntas de todo lo que ha pasado en estos dos años que llevamos egresadas.
Fui a la chocolatería corriendo porque desperté tarde (afortunadamente), compré muchas cosas y me estrangulaban los dedos en el camino los cuatro kilos de chocolates que llevaba en una bolsa de plástico.
En la micro venía errática, mi sentido del equilibrio flaqueó, y golpeaba de vez en cuando con una de las bolsas a una señora que venía a mi lado, y la otra -la de los chocolates que llevaba entre las piernas- me llevaba las canillas todas pinchadas con el balanceo de la micro. Estaba derritiéndome en disculpas con la señora golpeada por mi bolsa, acomodando con una pierna la bolsa de los chocolates, cuando la señora que iba sentada frente a mí me cede el asiento "mi Dios" dije yo en mis adentros "este es mi milagro de navidad", cuándo se ha visto que una señora mayor le ceda el asiento a una jovial mujer como yo (hahaha), "no había visto que llevaba tantas bolsas" me dijo, y yo casi morí de amor por ella, pero le dije que no, que no se preocupara, que si se iba a bajar luego, que no. Y ella me lo cedió igual.
Es re simple y re tonto, quizá, pero para mí, ese es mi milagro navideño. Punto.
2 comentarios:
Es lindo cuando la gente es amable contigo. Hasta yo amé a la señora, y eso que a mí no me ofreció nada x)
Yo no lo amé. Eso es normal en América.
E incluso dicen que cuando vas en el bus en Europa, y cedés el asiento a alguien inmediatamente los demás saben o asumen que sos americano (del continente, no gringo)
Sueña que sueña con ella
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