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para engañar a la memoria

diciembre 01, 2008

Sin paraguas.

Existen cosas que yo no debería hacer, e igual hago. Hay palabras que yo no debería mencionar, pero heme aquí diciéndolas. Articulándolas una a una sin taparme la boca.
Ver tu rostro bajo la lluvia hasta que los ojos se me cansen. Sin paraguas.

Me pregunto cuándo. No dónde, no cómo; cuándo. Cuándo dejaré de sentir ésto. Cuándo pasará, cuándo se irá, cuándo dejará de dolerme tanto. Cuándo podré dormir bien por las noches, cuándo podré sonreír bien por el día. Cuándo podré disfrutar por completo las cosas buenas que pasan frente a mis ojos, cuándo dejarán mis ojos de volverse chiquititos. Cuándo dejará de apretarse mi estómago en mis viajes por la mañana, en mis viajes por la tarde, en mis horas a solas, en mis visitas a internerd.
No tengo idea, ¿mañana? no creo, ¿quizá en un mes?, talvez dos, no sé... pero nada dentro de mí disminuye ni siquiera un poquito al pasar el tiempo.
Es probable que quien me quiera me rete y me diga que para qué [me] hago ésto, para qué vengo aquí, para qué sigo matándome en redundancias, para qué. Y es que no puedo evitar salir corriendo y lanzar todo de un grito hacia afuera.
Además es ahora cuando las hormigas me recorren la cien.
Y las palabras me susurran los oídos.
Los ojos se cierran y se abren poquito.
De las manos se me escapan gritos, y del vientre lamentos.

No sé en qué acabe esta historia de encuentros y desencuentros que se teje a lo largo de los años, sólo sé que ya nadie vendrá por mí y yo he perdido mi patetiquismo con el pasar del tiempo.

Días asquerosos éstos.

Continuaré armando mi álbum fotográfico de vida.

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