Me reconozco una fan de los besos.
Digamos que no tengo mucha experiencia como besadora, y mi lista de chicos besados sólo llega hasta el número dos, pero ojo, han sido muy besados por mi.
No sé exactamente en qué radica mi gusto por los besos, ni por qué, si siendo así no los salgo a buscar por ahí y mi lista es tan escasa. Tampoco sé el motivo de que mi memoria tan selectiva no haya seleccionado justamente más de esos episodios, para traerlos a mí en los momentos de romanticismo escaso.
Hay dos besos que recuerdo bien y que llegan a mi mente alguna vez cada cierto tiempo. Curiosamente uno acaba una relación y el otro la comienza. Uno es dramático, emocional, desesperado, imborrable; el otro es lento, tímido, entregado, callado, íntimo. Uno me sobrecoge, y el otro me presiona un poquito el corazón. Qué distintos los dos.
Y los besos bajo la lluvia... oh, benditos besos aquellos bajo la lluvia en un Santiago paralizado.
Me pregunto si esos hombres tienen en su memoria algún vestigio de mis besos.
Yo por mi parte, sellaré mi cajita de los recuerdos por hoy y me iré a dormir, que mañana día de los enamorados para muchos, día de santo (feliz santo) de mi hermanito errático, es un día de trabajo remunerado para mí (sí, aleluya gloria a Dios), y no queremos que la linda, amable y humilde Paula se equivoque en cualquiera de sus quehaceres y ande con el equilibrio perdido como hoy.
1 comentario:
Sólo dos... sos de lo que no hay y a la vez tan común y corriente como para dejarte afectar por una fecha tal como te obliga toda la televisión y demás medios de comunicación xD
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