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para engañar a la memoria

abril 02, 2009

Color propio

Varios fueron testigos de mi testimonio acerca de lo desquiciada que estuve hace algunos días. Bueno, ayer tuve la oportunidad de entrar a ese mundo que me desquició, y husmeé en casi todo lo que pude, con fiebre, con tiritones compulsivos producto de la enfermedad y el cansancio, con una voz diciéndome a cada instante "no lo hagas, te vas a arrepentir", con la presión de saber que en cualquier momento podría llegar mi mamá a retarme por no estar en la cama. Y aún así lo hice.

Hoy, me siento con la suficiente seguridad para decir que me siento mejor con respecto a todo lo trascendente -y lo no tanto- de mi vida. Hace algunos meses hablaba de la superación, de que yo debía hacer mi propia película, de que debía brillar con colores propios, pero eran puras patrañas, era sólo la intención.
Analizándolo durante estos días, era imposible que una persona como yo, tan dada al drama consigo misma, pudiese superar una situación emocional así de rápido. Han pasado casi dos años del término con Diego, un tiempo parecido a mis dramas con Marco, y algo así como cinco meses del término con Max, y sólo ahora puedo decir que me siento mejor, no del todo, es cierto, porque aún puede que se me quiebre un poquito la voz si me pillan mal parada con lo de Max, pero ayer, cuando entré a ver algo a lo cual me había resistido meses, no me vino ese dolor asqueroso en la boca del estómago que tuve antes, tampoco me fui a la cama a llorar, ni hoy estoy tiritando escribiendo.
Me siento muy orgullosa del cambio que he experimentado lo que lleva del dos mil nueve, y que quizá sea imperceptible para muchos, pero yo lo veo claro, con los ojos abiertos, y con esperanzas de que la vida mejore aún más, por dentro y por fuera.

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