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para engañar a la memoria

febrero 05, 2010

c'est fini

Pucha que me ha costado escribir -aquí y en todas partes- desde que comencé con la práctica, como que se me fundió el cerebro, o la parte que sirve para ésto.
Pero ya todo se fue al carajo porque ¡ayer al fin se acabó!, ahora puedo dormir hasta que me den calambres.

Mi asado resultó un éxito, a diferencia de mis cumpleaños en que nadie se habla con nadie (que pena), porque era como uno, pero en febrero y no en julio.
Es increíble, ya estamos en febrero y hoy es mi primer día de vacaciones, pero no tengo planes de hacer nada, solo una invitación fugaz a la playa el martes. Es que no hay plata, por mucha voluntad que le ponga al asunto.
Estoy contenta de todas formas. Será porque terminó mi tortura diaria.
Ya no sé qué pensaba hacer antes de entrar a la pastelería, es como cuando terminas una relación y no sabes qué cresta hacer al día siguiente, como que se desestabiliza todo, porque no he tenido mucho panorama. Quería ir a lo de la Pequeña gigante pero no hubo tiempo. Un día con Rodrigay nos quedamos en la pastelería hasta las 23.30! y entrábamos todos los días a las 8:00. No sé cómo mi cuerpecito tan cómodo y dado al drama lo soportó. De hecho, se suponía que saldría el 14 de febrero, y con todas las horas extras hice 10 días.
Aún está la cagá en mi cocina, todos los platos (como veintitantos) del asado, los cubiertos, el disco de la parrilla, las ensaladeras, los vasos, TODO, está sucio, y no tengo ganas de ir a limpiar. La Jena ayer vino cuando yo no estaba, porque le pedí que entrara y dejara salir a la Negra que tenía toda su caquita del día acumulada, y me ordenó muchas cosas, el patio, el comedor... la amo.
Y anoche tembló y parezco ser la única en Santiago que lo sintió, la cama se me remeció entera y yo salí disparada, entonces me di cuenta de que estaba sola en la casa y me dio pena, pero se me pasó al tiro porque me dormí.

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