Páginas

para engañar a la memoria

marzo 09, 2010

Mis plantas se mueren en el patio, una a una, solo el ciboulette resiste estoico. Marco dijo una vez que si una menta se te moría, de verdad no sabías cuidar plantas. Y a mí comienza a morírseme todo, las plantas, el ánimo, la voluntad. Nunca lo conté, pero en Laguna me compré una albahaca morada y una planta que da pimentones. La albahaca un día desapareció, y frente a mi iracunda reacción mi papá acabó confesando que fue él quien la pasó a llevar, pero la dejó ahí tiradita, con su pequeña raíz sin poder tocar nada que se pareciera a la tierra ni al agua. Hoy fui a regar y el pimentón tenía las hojas más tristes, aún no lo saco de ese plástico negro en que las venden.
Mientras me desangro a caudales me siento más chiquitita y vulnerable, más pisoteable, más fácil de pasar a llevar. Más fea, más poco interesante, más autocompasiva y más patética. Quiero quedarme en la cama hasta muy tarde, todo el día en lo posible, quiero decir por qué a mí, por qué yo, por qué soy así, y todas esas preguntas penosas que no le sirven a nadie.
Me siento como la albahaca morada, con mi raíz intentando arraigarse a algo en dónde crecer.
Tengo tanta pena... la Aton se va más pronto de lo que todos pensamos, se va se va y la vamos a extrañar tanto tanto.
Estaba viendo Elizabethtown y me acordé de tantas cosas, sobretodo de que quiero sentirme como en esa película de nuevo. Las películas no me ayudan nada.
El lunes comienza un nuevo año universitario, lleno de talleres que me descomponen entera, lleno de cahuines, llenos de demonio rojo, de vueltas en la cama por no poder dormir bien, de desvelos, de auto-odiarse todo el tiempo por no hacer las cosas que se deben. Odio estudiar. Odio ir a Inacaps. Odio sentirme así. Solo necesito algo que sé que no puedo tener.
Y al fin el agua sale a mirar al mundo.

No hay comentarios: