Debo confesar que era una ignorante de la verdadera situación vivida en mi país luego del terremoto en la madrugada del sábado 27 de febrero, es que vi que en mi casa no pasó nada, solo se cayeron algunas cosas de poco valor y escuchaba señoras histéricas pero del puro susto, entonces erróneamente creí que no había sido tanto la cagá. A medida que lograba comunicarme con la gente que quiero y me decían que estaban bien me fui tranquilizando, incluso Diego que estaba en Conce se encontraba bien.
A medida que pasaban las horas, escuchando la Cooperativa, nos enterábamos de lo que pasaba en otras partes de Chile, pero ni tanto, porque las comunicaciones estaban cortás. Y entonces, oyendo que no pasaba mucho fui encontrando casi entretenido el haber vivido un terremoto, salvo mi mamá y mi hermano Juan Pablo, aquí estábamos todos tranquilos.
Afuera la gente armó carpas, siete en total, medida exagerada según nosotros, porque al contrario que en otros lugares, estos departamentos no sufrieron daños estructurales.
Recién al otro día en la tarde cuando nos llegó la luz y pude ver la tele, me di cuenta de la gravedad del asunto. Familias que lo habían perdido todo, tsunamis en diferentes partes del país, edificios doblados, barcos en mitad de las plazas, me di cuenta de lo agradecida que debía estar, porque realmente somos unos afortunados. Quedé angustiá, es increíble lo diferente que pueden ser las cosas para todos en el mismo país, en la misma ciudad y comuna incluso, aqui cerca se cayeron unos departamentos pal'lado...
Declararon toque de queda en la región del Maule y del Bío bío, porque la gente se descontroló y empezaron a saquear los supermercados y las tiendas (en Conce).
Ahora es bien poco lo que uno puede hacer, aún hay gente muy asustada que se espera lo peor, ojalá estas cosas se pudiesen predecir. Lo único bueno de todo ésto es que nos ha servido a muchos para pasar tiempo con nuestras familias, vernos, hablarnos con gente con la que no hablábamos hace mucho, decirnos cosas que deberíamos decir siempre, unirnos. Las tragedias unen, dicen.
Ojalá, y diosito quiera, no sigan pasando más catástrofes, ni sigan aumentando la cantidad de muertos.
3 comentarios:
me siento totalmente identificada con tu relato, cuñada...
asdfasdf
Es cierto eso de que las tragedias unen, con mis familiares nos reuníamos en la casa de los abuelos, pues eran los únicos con luz y espacio para que todos cargáramos nuestros celulares... Irónico y cierto... como los saqueos.
Me alegro que ya todo esté en calma, por allá y por acá.
Saludos.
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