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para engañar a la memoria

julio 07, 2010

en el día de mi cumpleaños

Me quedé dormida.

Iba leyendo en el metro (estación Los Héroes) La Tregua, que me habían regalado el Juanpa y la Moca el sábado, cuando de repente, alguien de un manotazo me lo tira al piso del vagón. Cuando levanté atónita la vista, vi a un chico guapo guapo que se reía avergonzado porque en un acto torpe (quién más capacitado que yo para entender su vergüenza) había bajado el brazo y botado mi libro.

Fuimos a comer con mi mamá al Brown que queda en Gotuzo, y gracias a nuestra super dieta no sabíamos qué comer, al final terminamos comiendo un enorme bowl de ensalada césar, y bebiendo un té, el mío de durazno, el de ella negro.

Caminé desde Moneda a La vega., era un día frío pero iluminado, de esos ideales para caminar. En esos días, te pones un abrigo y una bufanda al cuello, sales a caminar y todo es mágico. Tenía ganas de ir a ver a alguien pero no supe a quién, así que me devolví a la casa.

Llamó la Jenifer en la noche, como a las 12, hablamos 31 minutos antes de que se cortara la comunicación de repente. Era tipo boqui toqui, si yo hablaba no podía escucharla y viceversa, fue extraña sí, la sensación de estar hablando con alguien que estaba en medio del océano.

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