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para engañar a la memoria

septiembre 01, 2011

un poco de un correo

Tomé mis alfajores y luego de dejarlos con la Fran partí al cine. La sala estaba llena y me senté entre dos personas que iban acompañadas. Empezó la película y estaba preparada para emocionarme y no podía dejar de pensar, en hartas cosas, en si me iba a gustar, en si me iba a emocionar... puras tonteras.
Risa, sonrisa y llanto toda la película. La gente aplaudió cuando terminó. A mí me enseñaron que no se aplaude en el cine, que es como flaite me dijeron, pero
supongo que uno puede hacer lo que quiera mientras no moleste al resto. Igual no aplaudí. Sentía que mi corazón estaba tomado, así como los colegios y las universidades, tomado por la mano enorme de Violeta Parra, agarrado por las letras y el sufrimiento de la Violeta.
Y me alegré, en medio de toda mi perplejidad me alegré de haber ido sola, porque no podía hablarle a nadie. En todo el camino de vuelta no pude ponerme los audífonos y solo tararié canciones de Violeta, muchas partes repetidas eso sí tendré lista la corona para cuando en mí te mueras y run run se fue pal norte, yo me quedé en el sur, y al medio hay un abismo sin música ni luz... ayayai de mí son mis partes favoritas de mis canciones favoritas. Pero no conozco tantas canciones de ella. Pero quiero conocer más.
Tenía ganas de llegar y acostarme pero más tenía de escribir.
La Violeta me recuerda también a la Gabriela Mistral, tenía un libro de ella, de las cartas que les escribió a muchos hombres... eran tan inseguras las dos, pero tan bacanes a la vez, tan mal genio, tan difíciles de llevar. Las dos se encontraban feas pero sabían que eran genios, secas del sentimiento.
Ah... yo tengo el corazón hinchado, pero no sé si de emociones buenas o malas, solo está rojo y enorme y latente.

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