Páginas

para engañar a la memoria

julio 12, 2012

práctica 3

Soy practicante en un café ubicado en un mall muy very cuico de la capitale. Paso todo el día en una mini oficina que me recuerda a la de Betty pero la mía es aún más chica y más deprimente, para más remate se quemó una ampolleta que aún no reparan.
Casi todo el tiempo está a mi lado la Sophie, mi jefa directa y esposa de uno de los dueños. Es bacán la Sophie; es una mezcla entre la Carolina Sotomayor y la Diana Bolocco. Pasa el día histérica, entre llamados de proveedores, al otro local, de sus hijos. Es buena onda eso sí, histérica pero buena onda.
Yo traspaso información y ordeno, básicamente. ORDENO. Obvio que si supieran que soy la persona menos idónea para eso no me harían hacerlo.
Hay un tipo, el jefe de local, al que no le caigo bien. Sé que les parece raro porque se trata de mí, O SEEEA, una mujer muy simpática. A mí también. En realidá no sé por qué me odia si ahí soy como un pollo torpe que no le hace daño a nadie.
Lo peor es que es cínico, me sonríe todo el tiempo y me da puñaladas por la espalda acusándome con la Sophie. Y ella lo ama, aaay es como un hijo para mí, dice. Pero yo la sigo queriendo, aunque avale a ese gil que tiene como jefe de local.

Los viajes son eternos eso sí, de Pudahuel a Lo Barnechea, una cosa poca. Día por medio descubro un recorrido nuevo y tengo eeeene problemas para llegar a la hora. Excusas todo el tiempo, pero la mayoría ciertas: gente en el andén del metro que complica línea 5, micros que se me pasan, micro que queda en pana, etecé.

Afirmándome el colon no más.

No hay comentarios: