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para engañar a la memoria

abril 17, 2007

para contarme como muere el día

Era lógico pensar que después de la calma viene la tormenta. Estoy flaqueando.
A pesar de que cada día me convierto más en el personaje de novela algo se enfría en mi corazón, se enferma un poco, y sufre.
¡Como odio levantarme temprano! ¡adoro mi cama!... me desperté de mal humor, reclamando el por qué de que mi hermano sea tan gil de no poder irse solo al colegio teniendo casi 13 años y de ser yo la única persona en esta casa con un poco más de tiempo en la mañana.
Enviaré una carta, visitaré a mis abuelas y apagaré la electricidad a las 19.53, ese es mi plan de vida por hoy, mi ánimo está bajo, muero de sueño y estoy muy enojada con el mundo.
Más encima tengo un hermano que está enfermo de amor.
¿algo podría ser peor que enfermar de amor?
Escucho a Sanz para calmar mi angustia. Mañana todo estará mejor.
No quiero verlo más, que no que no...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pensar en la tormenta en un momento de calma es lo más sensato que se puede hacer gracias a esa mala costumbre en nuestros días de reflexionar.
Cuando te enojás con el mundo, lo mejor es apagar la electricidad y dormir, así que tu plan es perfecto.
Hay muchas cosas que podrían ser peor que eso: ser homosexual, ser impotente, ser ciego, ser inválido, ser presentador de televentas, cantar Amiga Mía en la azotea de un edificio, ser pastor evangélico, entre otras.
Lerere lerelé-.