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para engañar a la memoria

mayo 22, 2008

Le ciel dans une chambre

No hay más verdades que las que pude sentir cuando estuve durante hora y media con la cabeza recostada en su pecho. Y no, aunque lo niegue mil veces, he llegado a la conclusión de que es imposible mover el tiempo y ubicar ese momento, todos los días junto a mi almohada al dormir. Cambia, muta, se transforma.
Muchas veces es claro, monstruoso, gigante, y me aplasta y ahoga un poco, pero me hace ligera. Otras me sobrecoge, me toma y enrosca como chanchito de tierra.
Me mira y violento me repite que no existe más.
Me acaricia y me mece como si no hubiese nada más en este mundo.
Y el viento viene y me traspasa la piel. Me hago aire. Entonces, vuelvo a la absurda idea de permanecer durante otra hora y media con la cabeza recostada en su pecho.

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