Tengo los ojos chiquititos, odio que todo el cansancio de la semana se me desparrame por el cuerpo en mi día libre, no disfruto nada.
Acabo de probarme el traje de baño de mi madre y he descubierto que es más pequeño que el mío, y por supuesto, mucho más juvenil. Comienzo a pensar en eso que me decía mi papá cuando tenía catorce, que me vestía como vieja, aunque claro, él esperaba que yo usara falditas cortas y petos apretados que no dejaran mucho a la imaginación, y yo sé que lo decía sólo porque tenía total certeza de que yo no usaría jamás algo así, de ser de otro modo no me lo explico, ya que al menor de mis escotes se espanta y pega un grito a mi mamá, que mira cómo va a salir tu hija a la calle.
Estoy comiendo un arroz árabe sin pasas que me acabo de preparar, con un pollo que casi se me quema porque me puse a escribir y se le evaporó casi toda el agua. Por la tarde haré panqueques nuevamente, pero ahora para la familia, y, como tengo manía con la naranja y la canela, le agregaré al batido, espero quede rico y no me lluevan panqueques por la cabeza.
Iré a la piscina con mis Bestias queridas, al puro estilo de una jovencita conservadora de los años veinte, con mi traje de baño negro entero, mis grandes lentes de sol, y un gesto indiferente al dejar la toalla, hahahaha.
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