Estoy con la cabeza activa a pesar del trasnoche y el día trabajado, al parecer hace efecto el multivitamínico.
Ayer, luego del trabajo, fui junto a un pequeño grupo de practicantes a la casa de la Feña. Hablamos harto y dormimos poco, lo bueno es que yo hoy entré en la tarde y no me pesó mucho el desvelo.
Hablamos de la vida, en general, y de la gastronomía, en particular; de nuestra visión de futuro, nuestros proyectos y pasiones. Rubén y Joaquín rápidamente sacaron su bandera pro-cocineros-foreverlife-apasionadosyenergéticos y a mí se me fue el espíritu al carajo. Yo y mi eterna contradicción, en la que tengo claro lo que quiero ser y pretendo realizar en un futuro, pero que cualquier frustración envía a la cresta del mundo y me vuelve diminuta. Me siento cada día más incapaz y con menos condiciones, aunque, cuando amanece la vida me sonríe de nuevo y le creo más a mis propósitos internos, que no se asemejan en nada a una vida llena de lujos y de rutina culinaria, sino, se parece más a un mundo olor vainilla, cálido, que llene el alma de tal manera que la vida parezca hecha de suspiros.
Hoy nos echaron temprano del restorant, la afluencia del público cada vez es más escasa, tenemos menos trabajo y se multiplica la gente en mi espacio de producción.
Quiero tenderme en el pasto y oír canciones que me retuerzan los sueños, me los moldeen y los dejen convertidos en una figura de chocolate, de chocolate con naranja. Y canela.
2 comentarios:
De chocolate con mazapán (L)
Me resulta difícil creerte que por una tontera todavía te desmoronés. Con tantas caídas ya deberías de haber aprendido a poner las manos para no golpearte la cara y poder llevarla siempre con los mocos en alto.
Esperemos que la naturaleza ponga de su parte y mañana o pasado te ponga los benditos callos emocionales o mecanismos de defensas actualizados.
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