Muchas veces he pensado tanto en cómo me llamo que he distanciado mi nombre de mí volviéndolo algo abstracto y sin sentido, no lo relaciono conmigo. Otras veces, hago lo mismo con diferentes aspectos de mi persona, no conecto mi rostro con lo que siento, mis acciones con mi personalidad, mi pensamiento con mi carácter. Me vuelvo abstracta. Me vuelvo distante y ajena, como si no existiera en el universo que conozco, como si no me conociera. Igual que mi nombre.
Paula no soy yo, o sí, si lo soy y me gusta llamarme Paula.
P A U L A, repito en voz alta y se vuelve un nombre vacío.
¿Y si me hubiese llamado de otro modo?, Laura, Ana, y paro de contar, extrañamente no se me ocurre ningún otro nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario