Han sido unos días agotadores, salgo de la práctica al rededor de las doce y llego aún más tarde a mi casa, trabajo seis días a la semana, pero bueno, me quedan más de doscientas horas más por hacer, así que mejor cierro la boca y no pienso más en eso.
Hace una semana ya, me vino uno de mis arranques de cambio de look y me fui a la peluquería, me hice la base y ahora tengo el pelo como miles de fideos chinos.
También estuve enferma la semana pasada, faringitis purulenta.
A pesar de lo cansada que me siento, estoy bien, súper bien. De a poco se van disipando las ideas en las que estaba sumida, y respiro más tranquila. Este año comenzó bien, fue una buena decisión haberme ido lejos por el día, y luego haberme comprado ese libro que me ha acompañado en los eternos viajes hacia el restorant.
Voy pensando en otras cosas, voy ocupando también de otra forma mi tiempo, voy recuperando-me.
Mañana es mi día libre (los martes lo son), y ruego a Diosito que sea mañana la exposición de la Jenifer para poder ir, por la mañana haré las galletas prometidas y que faltaron en navidad, y luego picaré una montonera de ajos que me dejó encargado mi mamá.
Tengo sueño, infinito sueño. Quiero descansar.
Quiero estar de vacaciones, viajar, abrazar, dormir, tenderme en el pasto a escucharme respirar, fotografiar, reír, leer (no puedo creer que esté diciendo eso), bañarme en la piscina, jugar pictonary, divagar, cantar, sí, cantar mucho.
Por ahora iré a alistarme para otro bello día de trabajo.
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