Estoy intentando no hacerlo de nuevo, pero no me resulta, urgueteo y encuentro de todo, y nada debería importarme, pero me importa.
Soy tan sapa a veces.
El Felipe está bien, con los ojos lagrimones que tienen los enfermos, pero bien. La vida igual, pero no sé si tanto ya, porque hay demasiado ahí que no me corresponde, ahí ahí ahí, hay vida formada, olores que se conocen, formas, curvas, no sé, y de nuevo me vienen los jodidos celos.
Hoy caminé mucho, vestida con las botas Dragon Ball, con el abrigo rojo que está muy sucio, y la bufanda crema que igual. Caminé con el viento pegándome en la cara y el sudor frío brotando por dentro. Había caras que conocía en el camino, creo. Había gente que era toda del mismo tamaño, gente que parecía que en su cotidianeidad sólo habla de autores, y citan, y compiten por quién es más intelectualoide.
Entonces me sentí ajena y tuve el impulso de llorar, pero no pude. Y el impulso se volvió impotencia. Comencé a escribir en mi mente, y a cantar en voz alta, pero poco. Nadie caminaba adelante ni atrás, nadie me escuchaba tararear Razones de Bebe.
Estoy más flaca, han valido estas tres semanas de cuidados. No flaca flaca flaca, porque no, porque no se puede, pero sí me siento más liviana al moverme.
Y están mostrando el Artequín en la tele, y sufro, sufro de mentira, porque quiero ir hace mucho y nunca voy.
¿Cómo estará mi hermanito? ¿extrañará a alguien? ¿se aburrirá?, nah, yo creo que está durmiendo y no se acuerda de nadie, y está bien, está perfecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario