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para engañar a la memoria

octubre 13, 2009

Todas íbamos a ser reinas

La Abuelita se ríe mientras nos cuenta sobre un pololo que tuvo cuando joven que le pidió la prueba de amor, se le quiebra la voz cuando lee las palabras que le salieron atropellándosele cuando escribió el discurso para demostrar en verso el amor que siente por su familia, cuando se siente orgullosa se le ilumina la cara y mira hacia el frente pero en alto como los niñitos al lado de la bandera en una celebración patriota del colegio, recita de corrido poesías que aprendió cuando tenía 8 años y todos alaban su buena memoria.
La Abuelita es seca. Cuando sus hijos decidieron que al Tati había que llevarlo a un hogar de ancianos para que no terminara enfermándola, ella, a sus setenta y algo años, retomó los estudios que había dejado hasta el 4to básico allá por los años 40. Se graduó de 4to medio antes que yo y entró a la Universidad Católica a un programa de estudios superiores para el adulto mayor a estudiar Gerontología social.

Hoy la Abuelita me pidió que la acompañara a su club de adultos mayores porque debía entregar la corona de reina a la señora elegida este año y no tenía quien le tomara fotos.
Me llamó temprano para preguntarme a qué hora llegaría, le dije que a la 1.30 pm. pero casi se infarta porque era muy tarde para almorzar. Después de terminar las exquisitas frutillas con merengue que me tenía para el postre la acompañé a elegir un vestuario adecuado para la ocación, le dije que se tenía que ver regia, que era la reina y que se debía notar, escogimos un vestido que dijo, estaba pasado de moda y que el Tati le compró para el matrimonio de la Isabel con su primer marido (a comienzos de los 90), pero que a mí me pareció divino. Le dije que debía llevar unos aros bonitos, pero aros no tenía, solo unos flaites que le regalé en algún momento de la vida y que yo no recordaba. Mientras buscaba las preciadas joyas niña por Dios, yo deboraba con ganas unas galletas que sacaba del fondo de un tarro, unas impresionantes galletas que le llevó la Karin para su cumpleaños, de chocolate, tan pero tan ricas, que me muero.

Llegamos temprano a la parroquia y la Abuelita -mientras esperábamos con otras dos señoras más- estuvo una hora hablando sobre el jodido taxista que la estafó con luca recién, que cómo no se había dado cuenta, quizá lo encuentra después en la población, si fíjate que iba entrando, debe ser de ahí mismo, talvez el pobre tipo no se dio cuenta. Y yo pensaba en tomarle fotos a los ganzos y al pavo real, pero la cámara se me apagaba.
Entramos al fin a un salón pequeño en el que habían varias mesitas ordenadas en U con sillas al rededor, yo caminé tímida porque claramente no era parte del club y todas las señoras me miraban extrañadas, a lo que la Abuelita contestaba con un "aaay mire señora X, ella es mi nieta, la Paulita, vino a tomarnos fotos".
Nos sentamos y un caballero -mayor también- comenzó a hablar sobre la Abuelita y su reinado, que era tan buena porque iba a dar charlas a otros clubes, y la Abuelita estaba atenta con sus dos manos sobre la mesa y cara de orgullo. Yo también, claro, pero a mí no se me nota tanto porque pongo la misma cara de risa idiota siempre. Le siguieron gritos del tipo "viva la reina Adriana, ¡VIVA!", y halagos a la reina actual, la reina Luz.
Me sentía como usurpándole algo a alguien tomando mi tecito y comiendo la torta -mojadísima-, el calzón roto y el medio sandwich con pasta de pollo.
El traspaso de reinado fue cortísimo pero alcancé a tomar muchas fotos, desde ahí ya fui amiga de todas las viejecillas, que intentaron venderme una entrada para un almuerzo el próximo 25.
Nos fuimos pronto, porque la Abuelita estaba preocupada porque se iba a poner fresco y yo solo andaba con polera.
Pasé a ver a la Weli weli también, y estaba mejor. La vez pasada se veía deprimida y esquivaba a todo aquel que osara comentarle algo. Otro día hablaré de ella, que es cuento aparte.


 La nieta orgullosa y la Abuelita.

La Abuelita.


La reina Adriana.

La reina Adriana y la reina Luz que no se quedaban quietas para la foto en el traspaso de corona.

 
Todas las viejecillas del Club junto a las reinas.

La Weli weli, posando, cuando le dije "¡pero abra los ojos poh, o si no no se ve nada!"

1 comentario:

Pilita en: Mis cositas y yo desde aquí... dijo...

Tu abuelita es divina, ojalá muchas de nosotras podamos decir en el futuro que somos así sea un poquito de lo ágil, simpática y amorosa que es tu abuelita.
Sigue disfrutándola muchooooo!!!