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para engañar a la memoria

diciembre 29, 2009

muda en el pensamiento.

Y de repente me vi envuelta en ésto:
me vi desde fuera absorta en mi trabajo. Ocho horas completitas y un poco más, rellenando brazos de reina (uy qué freak suena), rellenando galletas ojo de lince (qué le pasa al inventor de nombres con las partes del cuerpo) más conocidas como Delicias, MIS FAVORITAS! -sin comerme ni una-.
Caí en la cuenta de que mientras trabajo mi mente se anula al universo fuera de la pastelería, no pienso en ninguna estupidez ni en ningún estúpido. Hoy hasta olvidé que en la mañana, al matricularme, dejé DE NUEVO mi cell en inacapss, eso que me fui maldiciéndome todo el camino.
Antes, en mi práctica anterior, era más parlanchina, porque habían niñas a las que podía contarles todos los dramones sentimentales, entonces ahí si me acordaba de todo todito todo, ahora no pos, son solo hombres, pero luego hablaré de ellos.
El punto es que, mientras las horas pasan en el reloj de la pared, yo me envuelvo en azúcar flor y ya no hay nada para recordar, y yo, tan dada al recuerdo, me siento extraña, que no aprovecho el tiempo, que todo avanza y yo nada, muda en el pensamiento.

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