Desde que llegué de la playa a penas he salido a comprar, a dejarle almuerzo a la Isa que estaba enferma y al yinecólogo. Los primeros dos días me quedé en pijama.
Creo que me ha quedado un trauma de mi época adolescente (cuando adolecía de TODO) y andaba lloriqueándole al mundo entero mis angustias que ahora temo acercarme a cualquiera. Es que desde que tengo memoria he sido hipersensible y depresiva.
Ahora parece que lo que pensaba era parte de mi personalidad cáncer, no es nada más que un desorden severo de mis locas hormonas.
O sea, obvio que siempre las hormonas formaron parte de ésto, pero ahora es mucho lucho, ya no quiero más.
No me atrevo a lloriquearle a nadie mis pesares con los 23 años que tengo encima, a nadie en particular.
Desde el 13 de febrero me llegó una regla super rara, me baja poquito pero me duelen las piernas y el útero de una forma impresionante. Tengo ganas de dormir y de llorar TODO el día, por todo. Y de comer.
Estoy terriblemente asustada porque siento que ésto puede ser crónico. Me siento tan sola y triste, pero al mismo tiempo no quiero ver a nadie. Me siento triste, principalmente triste. Una pena incontenible, inabrazable, inentendible, inquerible.
A la única que tengo cerca es a mi mamá que no sabe bien lo que me pasa y ni cómo ayudarme.
Hoy la yinecóloga (sé que no se escribe así) me dijo que puede que tenga SOP (síndrome de ovario poliquístico), así que me tengo que hacer una econosecuánto para saberlo con seguridad.
Me derivó a una nutriólogo también, porque estoy considerablemente excedida en mi peso y soy insulino resistente. YUPIIIII.
Ay, no quiero estar enferma de pena crónica.
3 comentarios:
Soñé contigo, mujer. Cachay que estabamos de vacaciones (no sé dónde ni cómo ni cuándo). Te habías comprado un encrespador de pestañas (muy extraño, por cierto). Aparecías en pijama y solo recuerdo que iba a ver tu resultado del ondulado y ya estabamos en el baño de tu casa. Te ofrecía ayuda porque te veía complicada y me decías: "No, me das vergüenza", te subías sobre la taza del baño y te tiritaba la pera. Te decía que no tenías que avergonzarte, que entendía muy bien que tuvieras pena, pero que eras muy bonita. Bajabas, me dabas un abrazo y llorabas.
pucha que pena tu sueño, y muy extraño. ¿Ya habías leído esta entrada o fue un sueño terriblemente revelador?, qué miedo
ya la había leído...
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