De repente uno hace cosas sin darse cuenta de que va a afectar de una u otra forma la vida de alguien más, y, aunque suene obvio, recién ayer me di un poco cuenta.
Después de ir a la entrevista de práctica, fui a Inacap a finiquitar el trámite y me pasé por la sala de Enrique, mi profe de los últimos talleres, estaba igual. Lo esperé un rato, que terminara de hablarle a sus alumnos (Enrique da unas charlas eteeeeernas) hasta que salió a saludarme con un gran "Pauliiiiiiita, qué rico que vino a verme!", awwwwww! <3.
Hablamos de hartas hartas cosas, y me contó que ya estaba super estresado porque toma mucha carga académica y trabajos extras, terrible pollo!. El año pasado en esta época el pobre colapsó y tuvo que tirar licencia por estrés. Le dije que se cuidara, y me contó que el año pasado supo que estaba mal porque un día le pregunté qué le pasaba, le veía cara de pena, y ahí cachó que estaba todo mal en su vida; fue al psicólogo y le contó lo que había pasado, lo que le pregunté, y le dijo, a moco tendido, que si no hubiese estado hablando con una alumna se hubiese puesto a llorar como Magdalena. Pobre de mi profe :(
Y ahí, inesperadamente me agradeció, me dijo que gracias a mí había recurrido al médico, y yo quedé como OMG, no me di ni cuenta!.
Que bacán ¿si o no?, qué hermoso que podamos ser parte de los demás, que nuestras palabras, nuestras acciones ayuden al resto, en algo que sea.
Ustedes dirán que fue muy flaite mi incidencia en su vida, pero ni les digo los ojitos que tenía el profe cuando me contó, más lindo.
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