Parto por decir que ahora soy la Señora Paula, ya que con Francisco nos casamos un soleado día de enero, rodeados de colores y gente querida. Fue una ceremonia hermosa, ni él ni yo pudimos evitar la emoción al vernos, con todos los ojos puestos en nosotros y la voz de la Camila y el Lester cantando "Amor de mis amores" de fondo. Mi amor precioso... sus ojitos llorosos y su cara graciosa de no saber si sonreír o llorar (mi cara debe haber estado igual, en todo caso); no entiendo cómo lo hace la gente normal, que sale toda bella en las fotos de la ceremonia de su matrimonio, así como desbordando una alegría que los hace ver espléndidos, como mi mamá, que en las fotos parecía la más requete linda novia del mundo. No, nosotros teníamos cara de explosión.
Ayayai qué alegría.
Fue un período un poco estresante el de la organización, pero al ver el resultado todo valió la pena. Claro que hubo cosas que nos molestaron y que nos hicieron rabiar ese día (y antes también), pero mirando hacia atrás sacamos muchísimas más conclusiones positivas que negativas.
Me siento feliz. A pesar de que estoy hipersensible por la proximidad de la regla, es tiempo de celebrar que Francisco, mi flamante esposo n°1 (jaja, broma), ha conseguido por fin trabajo estable (desde mayo que buscaba), y no contentándose con uno, ha conseguido DOS. Así que ¡que lluevan los billetes!, y a echarse de menos... porque algo de estabilidad económica tendremos, pero ¿y cuándo nos veremos?, pipipi.
Y a la abuelita sigo echándola de menos... tratando de retomar la frazada que estoy tejiendo hace al menos 7 años, me encontré con un conato de frazada a cuadros que ella me pasó hace mil para que yo la hiciera llegar a las tejedoras furiosas. Mmm, no sé nah yo si se la entregaré alguna vez.
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marzo 09, 2018
enero 10, 2017
Ya es 2017
Ya es 2017, hace diez años existe este blog. Diez años que parecen toda la vida.
Estaba leyendo, para variar una mañana en la que debo hacer un millón de otras cosas excepto leerme. Estaba leyendo y dándome cuenta de lo mucho que he cambiado, para bien.
Me miro hacia atrás y me veo tan metida en un círculo vicioso de soledad y autodestrucción que tengo una mezcla de dos sentimientos potentes: tristeza por esa Paula desbordada de emociones repetitivas y auto compasivas; de ese constante querer y nunca poder (por miedo y comodidad básicamente). Y alegría por haber podido superar en parte mis limitaciones. Porque exista el destino, las oportunidades y haber sabido aprovecharlas.
Ya, no digamos que soy la mujer más madura y exitosa que quiero ser, pero al menos ya no soy tan inestable y no me quedo detenida en todo lo malo que siento que me sucede. Quizá me haga bien no escribir -¿en realidad estoy diciendo esto?- pero es posible que el hecho de escribir mis pesares, aparte de servirme para entender lo que sentía/pensaba en determinada época, me ayudaba a sumirme en la autocompasión.
Bueno no sé en realidad, son solo teorías.
La llegada de Francisco a mi vida, también me debe haber ayudado, aunque una parte de mí odia pensar que mi estabilidad y felicidad dependan siempre de un otro. Al igual que las pastillas anticonceptivas, lo que me hace preguntarme: ¿acaso seré realmente yo la de ahora? ¿seré la Paula real o seré la Paula controlada por la medicación?. Ay no sé... solo se podría saber dejando de tomar las pastillas y ahí vendrían a buscarme toda la emocionalidad y el dramatismo que siempre fueron mis fieles compañeros.
Pero yo creo que mi crecimiento tiene que ver con otra cosa: el cambio de casa. Vivir sola de repente significó un quiebre muy requete cuático en mi vida. Digamos que antes de eso podía darme el lujo de quejarme y ver series en pijama todo el día. Estaba cómoda, me miraba el ombligo la mayoría del tiempo, y lo más importante: tenía demasiado tiempo libre para pensar. Me sumía en mí misma y era tan fácil conmoverme con mis propias tragedias de soltera rechazada y ultra sentimental, que volvía a ese lugar una y otra vez.
Lo que dice todo el mundo: salir de tu zona de confort.
Y saliendo de mi zona cómoda, además de no tener taaanto tiempo para hundirme en mí misma, me he dado cuenta de que soy capaz de hacer un montón de cosas que antes veía imposibles a causa de mis miedos e inseguridades (que holaaaaaaaa, aún siguen por aquí, pero trato de mirar para el lado).
Ya es 2017 y puedo decir que estoy orgullosa de la mujer que soy.
(y que talvez vuelva a escribir seguido en este blog).
Estaba leyendo, para variar una mañana en la que debo hacer un millón de otras cosas excepto leerme. Estaba leyendo y dándome cuenta de lo mucho que he cambiado, para bien.
Me miro hacia atrás y me veo tan metida en un círculo vicioso de soledad y autodestrucción que tengo una mezcla de dos sentimientos potentes: tristeza por esa Paula desbordada de emociones repetitivas y auto compasivas; de ese constante querer y nunca poder (por miedo y comodidad básicamente). Y alegría por haber podido superar en parte mis limitaciones. Porque exista el destino, las oportunidades y haber sabido aprovecharlas.
Ya, no digamos que soy la mujer más madura y exitosa que quiero ser, pero al menos ya no soy tan inestable y no me quedo detenida en todo lo malo que siento que me sucede. Quizá me haga bien no escribir -¿en realidad estoy diciendo esto?- pero es posible que el hecho de escribir mis pesares, aparte de servirme para entender lo que sentía/pensaba en determinada época, me ayudaba a sumirme en la autocompasión.
Bueno no sé en realidad, son solo teorías.
La llegada de Francisco a mi vida, también me debe haber ayudado, aunque una parte de mí odia pensar que mi estabilidad y felicidad dependan siempre de un otro. Al igual que las pastillas anticonceptivas, lo que me hace preguntarme: ¿acaso seré realmente yo la de ahora? ¿seré la Paula real o seré la Paula controlada por la medicación?. Ay no sé... solo se podría saber dejando de tomar las pastillas y ahí vendrían a buscarme toda la emocionalidad y el dramatismo que siempre fueron mis fieles compañeros.
Pero yo creo que mi crecimiento tiene que ver con otra cosa: el cambio de casa. Vivir sola de repente significó un quiebre muy requete cuático en mi vida. Digamos que antes de eso podía darme el lujo de quejarme y ver series en pijama todo el día. Estaba cómoda, me miraba el ombligo la mayoría del tiempo, y lo más importante: tenía demasiado tiempo libre para pensar. Me sumía en mí misma y era tan fácil conmoverme con mis propias tragedias de soltera rechazada y ultra sentimental, que volvía a ese lugar una y otra vez.
Lo que dice todo el mundo: salir de tu zona de confort.
Y saliendo de mi zona cómoda, además de no tener taaanto tiempo para hundirme en mí misma, me he dado cuenta de que soy capaz de hacer un montón de cosas que antes veía imposibles a causa de mis miedos e inseguridades (que holaaaaaaaa, aún siguen por aquí, pero trato de mirar para el lado).
Ya es 2017 y puedo decir que estoy orgullosa de la mujer que soy.
(y que talvez vuelva a escribir seguido en este blog).
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