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para engañar a la memoria

mayo 11, 2009

Me construiré una pequeña casa bajo el mar.
La llenaré de conchitas de distintos tamaños, y con los vidrios que la gente tira al agua (esos que se deforman en piedra), haré muchos vitrales y tragaluz. Y, através de éstos, jugaré a darme besitos con los peces, inflaré los cachetes.
En una repisa, cerca de la escalera que me harán las algas, ordenaré por fecha las cartas que me vayan llegando en su respectiva botella.
No hay nada más relajante para mí que tumbarme en el mar boca arriba con los ojos cerrados, y sentir el ruido del mundo circular en perfecta armonía bajo el mar, llegando a mis oídos. Flotar y olvidar que existe el mundo escuchándolo.
¿Existe algo más maravilloso que la esencia del universo conectándose con tu esencia?, para mí no.
Por eso, cuando haya terminado mi casa submarina, el agua me entrará por los ojos, zumbará mis oídos, me partirá los labios, deshará mis manos y mis pies, me cantará en el ombligo, y me hará parte de él. Antes, eso sí, tomaré fotografías de esos exóticos peces escondidos abajo abajo, bien abajo, y te las enviaré amarradas dentro de una botella.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hace tanto frio aca que mis manos y pies estan azules,
pero de solo leerte, recuerdo el sol de la arena y nadar con alguien mas ke nunca en mi vida,
en ese mar con cuerdas ke resguardaban la intimidad de las merluzas y tiburones...