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para engañar a la memoria

octubre 22, 2009

UNO

Hoy estoy contenta. Enfermita y con sueño, pero contenta.
Estaba viendo Click -perdiendo en control- hoy en la tarde y me puse a llorar para variar con la parte en que ve al papá por última vez. Quedé súper hiperventilada, de eso puede dar fe la Myla que me tuvo que aguantar cuando fuímos a la capacitación para lo del SIMCE. Ay que niños más bonitos los del video, las niñas con esas cintas blancas de género en el pelo que usábamos nosotras también cuando pequeñas. Quiero que mi curso sea con niños así. Lo exijo.
Y ahora, estoy más contenta, porque con el Juanpa descubrimos que mi mamá tiene un UNO, sí, lo juro, ¡UN UNOOOOOO!, y lo tenía así todo fondeado y ni sabía cómo se juega. Así que hasta hace un rato estuvimos jugando, y mi papá se escondía las cartas en la manga, y cuando salía un 4 ponía dos cartas de 2 y ese tipo de cosas giles que hace él.
Estoy contenta aunque tenga un resfriado lloroso, lleno de mocos y lagrimitas en los ojos.
Y mi compañera, la Feña, ganó hoy el concurso de Puratos, ese del viaje a Bélgica que comenté hace tiempo. Qué suerte, qué bakán, qué exitosa ella. Ojalá yo tuviese el arrojo, y a pesar de que hace un tiempo atrás me sentí con el valor suficiente para lanzarme a cualquier cosa, las ganas se diluyen para variar y yo aquí sin querer queriendo termino en las mismas.
Pero no importa nada, hoy no importa nada, estoy contenta porque jugué UNO con mi madrecita y mi padrecito, y yo sabía, lo sabía como se sabe con la guata y la fe, sabía que el hecho de que le hayan robado la cartera a mi madrecita iba a servir para algo bueno.

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