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para engañar a la memoria

noviembre 22, 2011

Querer amor, en todas sus formas.

Diagonal Los Lagos a las 20.30h un día de primavera. Caminar conteniendo la respiración al pasar por la casa de los boxers, sonreír en cambio cuando paso por la casa de los chow chow iguales a la Negra.

Hace unas semanas retomé El cuaderno de Maya que comencé a leer hace meses. Me siento como una vieja adolorida, un poco por dentro, mucho por fuera.
Y me acuerdo de los otros veranos, de las ganas de pastito y sombra, de piscina compartida con amigos, de libros bajo el árbol (aunque hayan sido muchas veces los de horóscopo chino del año correspondiente). La camisa de dormir lila, el short de pijama con corazones. Las agendas Pascualina repletas de cursilerías que me entretenían en el momento.

Recurrir a gente más que por inseguridad, por aburrimiento.

Esta pieza que es la de siempre, ahora aún más repleta de cosas. Los miedos que son los de siempre, ahora con más tiempo en el cuerpo.
Plenitud y pena a la vez, ¿es eso posible?.
Deseos de dormir todo el día y hablar por las noches. De estirarme en esta cama sobre el plumón y respirar nada más. Pero no quiero pensar. Pensar me hace escribir, y escribir nunca es buena señal.
Rezongar.
La sensación de los noviembres, los diciembres, los eneros y los febreros, que siempre es la misma, sin importar el año, la gente que me rodea, ni la etapa de mi vida.
Estos días de primavera-verano odiosos y tediosos.
Querer amor, en todas sus formas.
 Querer querer querer.

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